A veces me cuesta explicar qué hago. Incluso mis hijos me lo preguntan. Y yo les doy una respuesta bastante simple: acompañamos a los adultos a seguir aprendiendo.
Porque creo profundamente que los estudios no terminan nunca. Que el título no es el final; en todo caso, es el comienzo.
Soy arquitecta. En la facultad aprendí a leer planos, a proyectar, a armar cronogramas, a calcular estructuras. Y todo eso fue fundamental. Me dio base, seguridad y método. Pero los desafíos más grandes no los viví en la universidad. Los viví después.
Los viví en la obra. Cuando tuve que coordinar equipos. Cuando los tiempos no daban. Cuando aparecían tensiones. Cuando debía tener conversaciones incómodas. Cuando entendí que el plano podía estar perfecto, pero si no lograba el compromiso de las personas, el proyecto no avanzaba.
Ahí me di cuenta de algo clave: nadie me había enseñado a liderar. Nadie me había enseñado a liderar personas, a construir equipos, a gestionarme a mí misma. Eso lo fui aprendiendo en la cancha. Con algunos aciertos y con muchos errores.
Esa experiencia es la base de lo que hoy hacemos en la Academia de Xⁿ.
Cada año pasan por nuestra academia más de 1500 participantes. Vienen de industrias y negocios muy distintos, pero tienen algo en común: muchas veces llegaron a roles de liderazgo, como me pasó a mí, por sus habilidades técnicas. Y descubren que el nuevo rol exige nuevas habilidades: de liderazgo y gestión.
La buena noticia es que esas habilidades se pueden desarrollar. Y eso es lo que hacemos en la Academia: acompañamos a personas, equipos y organizaciones a desplegar su máximo potencial.
Cuando era joven tuve la oportunidad de vivir un año en un Centro de Alto Rendimiento en Barcelona entrenando nado sincronizado. Recuerdo que me fascinó el concepto: un lugar donde vas a entrenar con método, con exigencia, con todas las condiciones necesarias para mejorar. No desde la teoría, sino desde la práctica y el ensayo.
Ese es el espíritu de nuestra Academia. Práctica. Ensayo. Entrenamiento.
Porque liderar se entrena. Como cualquier disciplina orientada al alto desempeño. No alcanza con comprender el concepto; hay que llevarlo a la acción.
Por eso desarrollamos modelos que sintetizan las dimensiones clave del liderazgo y la gestión. Son guías que orientan el desarrollo. Primero trabajamos sobre el modelo de referencia; luego cada participante evalúa su realidad, identifica brechas y, a partir de allí, trabajamos sobre su propio caso, su situación concreta, con herramientas aplicables a su día a día.
Además, creemos profundamente en el aprendizaje colaborativo. Promovemos el intercambio entre participantes para que todos aprendan de todos. Quienes facilitamos los programas no somos docentes que “bajan contenido”. Somos facilitadores que también estuvimos ahí: lideramos equipos, tomamos decisiones difíciles, nos equivocamos y aprendimos. Y desde esa experiencia generamos conversaciones que impulsan crecimiento real.
Estoy convencida de que las organizaciones que invierten en el desarrollo de sus líderes están invirtiendo en algo mucho más profundo que resultados: están construyendo cultura, fortaleciendo vínculos y proyectando futuro.
Por eso, cuando me preguntan qué hago, vuelvo a lo mismo: lidero un Centro de Alto Rendimiento. Un lugar donde seguimos aprendiendo. Porque liderar mejor no es un destino. Es una práctica constante.
