Hay que decidir

En un mundo complejo y de cambios múltiples, son más que bienvenidas las diferentes visiones, aportes e ideas. Esa vital y enérgica contraposición de ideas es imprescindible. No necesariamente habrá unanimidades. No se debe tener miedo a las discrepancias.

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(Last Updated On: 13 noviembre 2020)

Es el ambiente de controversias donde surgen las mejores ideas. Los buenos equipos interactúan en forma dinámica y discuten con pasión en pos de una mejor solución. Pero hay un momento en el que hay que decidir para hacer que las cosas pasen.  

Muchas veces encontramos equipos trancados en discusiones eternas o pretendiendo tener absolutamente toda la información para poder moverse sin aceptar que es perentorio decidir para actuar. En cualquier caso, no se puede rehuir al acto de la decisión. Cuando el equipo se tranca y no logra avanzar es tiempo de que el liderazgo aparezca en forma clara.  

Un buen líder no renuncia a esa responsabilidad última. Escuchar a todos es menester para poder construir una mejor idea. Pero el tiempo del debate no es infinito. A algunos no les va a gustar porque disfrutarían de un análisis más detallado, con más discusiones, etc. Pero el tiempo es finito y hay que saber terminar el debate para pasar a la acción.  

En la toma de decisiones hay tres etapas: debate, decisión y ejecución. Los latinos tenemos algunas dificultades con la identificación clara de qué significa cada una.  

El debate no puede ser eterno, es de tiempo finito. Se aceptan y se necesitan todas las ideas, pero tiene un lapso. La decisión es un momento. Es el momento en que se termina el debate y se da comienzo a la siguiente etapa: la ejecución. Y, mientras se ejecuta no se debate, se ejecuta “con toda la furia”, hasta que se pruebe que la decisión tomada era errada, en cuyo caso, se deberá volver a la mesa donde se tomó la decisión para revisarla.  

Los latinos tenemos grandes confusiones con estas tres etapas y las mezclamos. Pensamos que tomamos la decisión, pero seguimos debatiendo todo el tiempo, por eso nos cuesta tanto ejecutar, por eso nos cuesta tanto el proceso de implementar. 

En Latinoamérica somos especialistas en el debate inoperante. El debate bien llevado a cabo es fundamental y es de donde se pueden producir mejores ideas que las originales. Si se discute en los términos correctos (“¿cómo puedo mejorar tu idea y tú la mía?”) el resultado es casi siempre bueno, mejor que las ideas originales. 

Pero, en general, en Latinoamérica no es precisamente eso lo que ocurre. En la mayoría de nuestros países los debates son interminables e inútiles porque cada uno no va a intercambiar ideas, sino que va a imponer la suya. El problema es que no escuchamos para entender, sino que meramente oímos para responder. El resultado: la inoperancia.  

Al final, vemos conversaciones y discusiones eternas y poca acción. Para usar una metáfora, en términos de Microsoft, Latinoamérica es una región muy “Word y PPT” y poco “Excel y Project”. Los buenos líderes, si bien usan Word y PPT para inspirar a sus equipos y para describir una pintura vívida del futuro deseado, no se quedan allí. Traducen esas imágenes en planes de acción con fechas concretas y logran gestionarlos para hacer que las cosas pasen. Se sienten responsables por lo que pasa y por lo que no pasa. Al final de cuentas, deciden. 

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