Tiempo para mí

Mi entrenadora era sicóloga. Y nos decía permanentemente que explorar en el área de la sicología nos iba a ayudar en nuestro desarrollo deportivo.

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(Last Updated On: 6 abril 2021)

¿Pensar en mí? ¡Qué aburrido!

Victoria y yo nos preparábamos para una importante competencia y la propuesta era que una vez por semana tuviéramos una instancia con el equipo de sicólogos deportivos.

“¡Qué aburrido!”, dijimos a coro.

Preferíamos nuestras clases en el agua o las de preparación física, pero ¿sicólogos?

El lunes empezaba la primera sesión, y las dos pensamos: “ya arrancamos mal la semana”.

– “Cierren los ojos y respiren profundo”, nos dijo el sicólogo. 

– Yo no dejaba de pensar: “qué pérdida de tiempo, con todo lo que tengo que hacer”. 

– “Traten de imaginar la coreografía que van a realizar en la competencia, y descubran ¿qué cosas están bien y cuáles no?”, aclaró el sicólogo.

Cuando llegamos no estaba el típico diván (“¡por suerte!”, nos dijimos) sino dos colchonetas en el piso. Amablemente el sicólogo nos recibió y nos dijo: “Pueden recostarse y empezaremos enseguida”. Con mucho temor y algo de vergüenza nos acostamos en las colchonetas. 

Esto parecía empezar a tener un poco más de sentido. No entrenábamos, pero al menos pensábamos en nuestra coreografía. 

Las reflexiones no pasan porque sí, pasan porque les dedicas tiempo

Al principio nos costó concentrarnos, pero, a medida que fueron pasando las sesiones, fuimos conectando con nosotras mismas en esos momentos. Nos dimos cuenta de que era un tiempo para nosotras, un tiempo diferente. Nos permitió reflexionar sobre nuestros aciertos y nuestros errores. Tomar consciencia de nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Y eso nos ayudó a entender cuán lejos estábamos de la excelencia y todo lo que podíamos hacer para mejorar. Recuerdo que empecé a darme cuenta de muchas cosas que no “veía” antes, cuando sólo me concentraba en nadar. 

Con el tiempo comprendí que este espacio de reflexión no sólo me ayudaba a mí misma sino también a nuestro equipo deportivo. Cuando Victoria me veía trabajando en mejorar mi extensión, se contagiaba con esa actitud de mejora y trabajaba en mejorar su altura. Y nuestra entrenadora estaba feliz de vernos entrenar proactivamente.

Pero eso no pasó porque sí. Pasó porque nos dedicamos tiempo a nosotras mismas. Ese tiempo tan necesario que, si uno no lo reserva para que ocurra, no va a ocurrir por arte de magia.

Mil excusas para no detenernos a trabajar en nosotros mismos

Trabajando en Xn he tenido la oportunidad de conocer a personas con importantes responsabilidades y me doy cuenta de que a muchos les pasa lo mismo que nos ocurrió a nosotras. No se detienen a trabajar en sí mismos por distintos motivos.

Les parece que no es necesario dedicar ese tiempo a sí mismos con creencias parecidas a las que teníamos nosotras: 

  • “¿Pensar en una misma? ¿Para qué? ¡Si yo estoy bien!”.
  • “Con el poco tiempo que tengo para hacer todo lo que tengo que hacer, no lo voy a malgastar en reflexiones voladas en mí misma. ¡Eso sería una pérdida de tiempo!”

Estas creencias están arraigadas en un concepto muy común y más profundoPensamos que todo lo que hay que hacer es más importante que nosotros mismos: pensamos que los resultados son más importantes, que las fechas son más importantes, que las reuniones son más importantes.

O quizás entendamos que sí tenemos que hacerlo, pero encontramos mil excusas:

  • Nos atrapa el “señor” Día-a-día y nos llenamos de tareas y obligaciones. 
  • Muchas otras veces sólo miramos afuera de nosotros y tratamos de justificarnos, buscando las explicaciones afuera también y nos decimos cosas como: “Lo que pasa es que en esta organización nadie me entiende, nadie me valora, acá está todo mal.”  Sin parar a pensar: “¿cómo estoy yo? ¿Qué ejemplo estoy dando?”.

O quizás tengamos alguna razón más profunda que puede ser el miedo de hacer eso porque pensamos: “¿Y si descubro cosas que no quería ver? ¿O si tengo mucho para trabajar en mí misma? Mejor ni empiezo.”  

Dedicar tiempo a conocernos a nosotros mismos es una excelente inversión porque nos ayuda a descubrir oportunidades de mejora y fortalezas escondidas. Y, en base a ese conocimiento, tomar acción sobre nosotros mismos y sobre lo que hacemos.

Consejos para conocerte más

Para no caer en la misma trampa, es importante PARAR a “afilar la sierra” (cómo dice Stephen Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”). PENSAR: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar en nuestro rol? Porque, al final de cuentas, nosotros somos los responsables de nuestro propio desarrollo individual. Tu organización puede hacer innumerables esfuerzos por desarrollarte, tu jefe o los colegas pueden ayudarte pero si tú no cambias, entonces nada cambia.

4 consejos que te ayudarán a conocerte mejor:

  • Dedicar tiempo a ti mismo: reservar espacios en tu agenda para reunirte contigo mismo. Reflexionar acerca de ¿cómo te sentís en tu rol y en tu organización? ¿Qué te gustaría aprender? ¿Qué te gustaría hacer? ¿A dónde te gustaría llegar?
  • Entender lo que la genética te dio y cómo sobre eso se fueron desarrollando tus pensamientos, tus creencias y tus valores. ¿Por qué sos cómo sos? ¿Qué cosas te limitan? ¿Cómo podés levantar tus propias barreras?
  • Descubrir cuáles son tus capacidades, tus fortalezas y tus debilidades. ¿Para qué cosas sos bueno? ¿Para cuáles no? ¿En qué cosas podés apalancarte para crecer?
  • Entender tus gustos y preferencias. Poner foco y energía en aquello que realmente deseas. Poder comunicarlo y buscar o generar oportunidades de desarrollo en donde sientas que podés brillar. 

Conocerme fue una de las cosas que me ayudó a lograr muchos de mis objetivos deportivos y, también, como “sub-producto”, a colaborar en mejorar el clima del equipo.

Conocerte te ayudará a generar credibilidad y confianza en ti mismo para lograr tu máximo potencial.

De nuevo: “nosotros somos los responsables de nuestro propio desarrollo individual”. Así que, transformarte en tu mejor versión depende, en gran parte, de ti.


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